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domingo, 12 de enero de 2014

Nubes y claros.


Texto y foto de Flavio Sevilla
Cada mediodía caminaba despacio hasta la plaza de abastos y se sentaba en un cajón de madera. Las voces del mercado se confundían con la suya. “Te aseguro un trocito de Cielo” repetía de viva voz como una letanía invariable. En sus manos tenía un ramillete de papelitos a modo de pólizas con la siguiente leyenda: “Por una peseta te aseguro tu felicidad más allá de la nube más alta”. No hacía caso a las risas y burlas de los vecinos del pueblo que le miraban con desprecio. “Es un pobre inocente, su familia lo ha dejado por imposible. Aquella víbora le vacío los bolsillos y le rompió el corazón. En su cabeza nada ha vuelto a ser igual. Asegurarnos el Cielo por una peseta. ¡Qué pamplina!” Sólo la vieja boticaria consideró un acierto comprar el seguro. Confiaba en la bondad del negocio y creía a pie juntillas que aquel trozo de Cielo le llevaría a una vida mejor al lado de su esposo al que tanto añoraba. Con su papelito en la mano sintió que aquel muchacho había cubierto un vacío, le dio un beso y susurrando le dijo al oído: Hijo, no hay dinero para pagarte.



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